Daniela Navarrete Cavieres

Daniela Navarrete Cavieres

Daniela Navarrete Cavieres

Nace en 1988, un mes después del plebiscito. Vive en la comuna rural de Paine, ubicada al sur de Santiago. Tallerista de Balmaceda Arte Joven, incipiente organizadora de eventos y maravillosos mambos poéticos, forma parte del colectivo de arte y performance ‘Corazones Rojos’. Actualmente incursiona en la construcción de décimas, riega las plantas y juega con sus perros. | hebrasprimas

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Volarte

A veces sabía cuanto te ibas a demorar
en llegar desde la puerta a mi cuerpo
y yo creía que si
que eran mucho segundos
y que esos segundos
mutarían tan fácil a hora a días.

Me hubiese encantado quererte
más horas y más días
me hubiese gustado acordarme de ti
sin pensar en otras personas.

No debo sentir vergüenza,
ni dolores ni cimientos trizados por algún temblor,
alguna movida de tierra o excusas simples
que te quería que te esperaba siempre.

Ahora sucede que escapas de mí tan fácilmente,
como un animal de mar escurridizo y miedoso.

Te prometo que no daño tanto
te prometo volver a tener doce años
y pensar que estoy tan enamorada.

A veces quería que te fueras de Santiago siempre.

El viernes por la mañana hizo tanto frío:
había nieve en el pasto y yo quería mear la nieve
estaba esperando que te aparecieras
y yo decía que cómo sería ir caminando por Bulnes y encontrarte
después dije este maricón miraría pa’ otro lado
y ahí quise arrancar y morderme las manos,
pero me iba a ver muy rara
y a mi no me gusta verme rara.

El viernes por la tarde hizo tanto frío
y te sentía resbalar por mi nariz ese viernes por la tarde
no podía dejar de mover la pierna derecha,
porque podías querer estar subiéndome
y yo quería caerte lo más posible
lo más pronto posible.

Tenía los pies tan inmensamente fríos.

Violeta

Cuando resulta que mi bosque está lleno de luces y las luces se traducen en miedo, los acordeones suenan tan bonitos adentro del bosque. Y el eco resuena por todos lados, por todas las noches, no hay nadie, no hay nadie que quiera estar escuchando esto.

Les dije a todos váyanse déjenme sola en esta mierda, en esta vegetación. Y todos se tomaron muy a pecho mis palabras, y efectivamente, me quedé sola. Sin embargo, me gusta la mierda, el barro, la avalancha, me gusta que el bosque no entienda nada, ni por qué el eco, ni por qué los acordeones, ni por qué le brota tanta mierda de los árboles, de la tierra, del aire. Déjenme, este lugar lo he construido para mi, este sitio es mío y no lo quiero compartir, estas hectáreas nativas son mías, este desorden, este verde me ha costado tiempo mantener.

Hace frío, pero estoy muy abrigada / los animales me quieren. Los animales no se alejan nunca. Y quizás yo quiero que la vorágine de este bosque me transforme, quizás yo quisiera morirme en este intento de hacer del bosque un permanente, una consecuencia de todo. Porque en el bosque no llovió nunca como se merecía, porque el bosque sí merece lluvias, porque un bosque merece más de lo que le toca.

Entonces yo le hablo, yo le digo no te preocupes, estamos juntos en esto / contra esto. El bosque se queda dormido a mis pies pidiéndome perdón, entonces salgo yo con mi discurso del noperdón y me pongo a llorar rodeada de animales, y cada animal no hace más que mirarme.

Yo pienso en las piedras mientras hablo.

Guerrita Mía

Yo quería hablar de la angustia.
de cómo remecerse en la cama
y de cómo en mi pecho
se instalaban edificios azules.

Yo veía cómo crecían en mi
y no podía hacer nada al respecto
al mismo tiempo que de la boca
me salía smog y odio.

Smog y odio.

Mi cuerpo era una ciudad devastada
una ciudad en plena posguerra
nadie habitaba en mí
estaban todos muertos
TODOS MUERTOS.

Yo me caminaba entremedio
buscando a alguien
algo
buscándome
en la tierra / en el barro / en las pudriciones
me buscaba
y no me encontraba.

Todo el país que yo llevaba conmigo
estaba muerto.

Y yo no tenía la culpa de nada.
absolutamente nada.


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